Urtain. Antes y despues.

Fui a ver Urtain básicamente porque todo el mundo la recomendaba y porqué iban los de la clase de teatro. Pero pensaba: “Que saldrá de la vida de un boxeador puesta en escena?”. Habiéndolo visto, puedo afirmar claramente: maravillas. La crisalida tuvo destino de mariposa desde un principio y los de Animalario merecen todos los premios recibidos y quizas más.

La obra comienza con una entrada impactante de Urtain, que se lanza en la sala desde el vestíbulo del teatro, seguido por el maestro de ceremonias. Precisión y seguridad en los movimientos, recreación perfecta del ring de boxeo y la fuerza de transportarnos a todos en medio de una lucha al borde de la resistencia del alma y el cuerpo humano.

El director de la obra, Andres Lima, opto por hacer el camino al revés: desde el final hacia el principio. En medio de una tormenta de voces, luces, puños y palabrotas, un hombre se suicide. Aquí empieza el viaje curioso e injusto de Urtain. Un boxeador que estuvo en la cima, al que le alabaron, le acusaron de no tener técnica, le hicieron una foto en el Pardo y cuando ya no sirvió para el sistema, con la indiferencia le empujaron al gesto final. Pero todo esto transluce en el final. De momento no sabemos quien se suicido y solamente vemos un boxeador preparándose para un nuevo enfrentamiento.

La visión directoral creo al personaje de Urtain como el eje del espectáculo, alrededor del cual gira el coro. Personaje común que, a pesar de esto, no pierde en ningún momento sus matices y su individualidad que no hace más que realzar al personaje central. Pedro Carrasco, el medico personal de Franco, el maestro de ceremonias, el ministro de vivienda, la chica que anuncia los cambios de ronda…todos son símbolos que se van intercambiando e interactúan con Urtain. No caen en el burlesco en ningún momento, sostienen con fuerza interpretativa los cambios bruscos y trágicos de la vida del héroe y sirven para dibujar el contorno histórico y político de este espectáculo.

Porque a parte de ilustrar el patetismo de una destino fracasado, la obra se convierte en un reflejo de la España de aquel entonces, de los anos ’60-’70. Los actores, a través de diversos símbolos (el Soberano, el Pardo, putas, periodistas, clientes de bar, Suarez, Vicente Gil), bordan el contorno de un mundo cruel e falso, que acabo no solamente con la vida de Urtain, sino con bastantes otras ilusiones e maneras de pensar. Ilustran esa España, donde al corazón se le llaman cojones.

El final se muestra emblemático, revelando una persona y un personaje a la vez, que desde su nacimiento parece predestinado a acabar mal: el padre muere justo el día que nace el hijo – Urtain, un juguete roto, victima de sus propios vicios y los antojos de los demás. Urtain, interpretado por Roberto Álamo, esta al 100% en el personaje y logra una actuación magnifica, sobretodo a nivel de voz, que se proyecta hasta el gallinero y la sostiene grave e acabada durante toda la obra. Los otros, los representantes del coro, están a la altura y en cada minuto interpretan todos por uno y uno por todos en el escenario.

Sin embargo, lo mejor de ese día fue el encuentro con los todos los actores. Después de estar encantada con la obra, quede hechizada por la dedicación que sentí en sus voces y sus ojos. Descubrí unas personas muy abiertas, apasionadas por y para el teatro, capaces de asumir al 100% el personaje y abrirse por completo sobre el escenario. Chapeau bas, Animalario!

Hasta el 18 de abril, en el Teatro Valle Inclán de Madrid.

PD-Roberto Álamo tiene dos blogs. Aprovechad 😉

http://roberalamo.blogspot.com/
http://lasfotosderobertoalamo.blogspot.com/

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s