Encuentros afortunados

Hay dias de esos cuando no sabes qué hacer y no te apetece nada. De repente quieres salir, sea como sea – ves en el simple hecho de cambiar de ambiente la solución a tu mal humor. Lo que nunca te imaginas es que de verdad cambiarás de humor y que habrás aprendido mucho sobre la vida misma. 

Cerca de casa hay un bar donde suelo ir. No es que me guste tanto, supongo que es la costumbre. Nada más entrar, me encuentro con una muy simpática amiga del teatro, que hacía tiempo que no veía. Tiene una sonrisa muy sana y una mirada en la que notas mucha sinceridad. No nos hemos dicho gran cosa, pero realmente hemos compartido miradas, pensamientos y calor humano. Y hoy en día, eso es ya bastante difícil de encontrar. Ha marchado para comer con la família. 

He pedido un café y el cogido el diario. Al cabo de unos minutos, entra una señora y se sienta justo a mi lado. Uf, he pensado, con las mesas libres que hay….Me pregunta si tiene que pedir a la barra o si viene el camarero. Le contesto, medio sonriendo, que vienen a la mesa. Y empecé a mirarla. Se tomaba su tiempo para plegar el paraguas. Sacó una bolsita y lo metió allí. Me miraba de reojo. Primero al diario, después a mí. Un juego discreto, pero lo suficientemente evidente para que yo le respondiera. Tambien a través de miradas, y alguna sonrisa…Com un estira y afloja del flirteo, pero trasladado a una conversación de amigas de un café por la tarde.

Como ya os lo imagináis, empezamos a charlar. Es de Bilbao, ha venido aquí para visitar a una de sus hijas. Conoce toda Girona. No entiende el catalán y chapurrea el euskera. Tiene un aspecto entre recatado y elegante, es bajita y se pinta los labios. Debía ser muy guapa de joven. Tengo más ganas que nunca de ir a Bilbao – los 8 puentes, el metro, el Guggenheim, los ascensores, la torre de cristal de Iberdrola y mas sitios escondidos – todo me lo ha explicado con tanto amor y gracia, que enseguida hubiera cogido el tren. 

Es de Ávila y se llama Sonsoles. Como la patrona de la ciudad. Solamente que ella no lo sabía, se entero años después, cuando tomaba clases para sacarse el carné de conducir. “No son lunas, son soles”. Se va mañana, con el tren de las 15:30, desde Barcelona. Le encanta viajar – éste verano se dejará sorprender, todavía no tiene planes. El año pasado estuvo por Philadelphia, Washington y New York. Toma ya! 

No va a la Iglesia y esta furiosa con todo lo que roban. Tiene un Opel Corsa. Piensa que no tengo cara de rumana y que soy majísima 😛 Y me ha dicho que vigile cuando me case, que nadie se intrometa en el matrimonio. ¡Dios, cómo nos hemos reído! 

Me ha enseñado a tomar el lado bueno de las cosas, a seguir confiando en la gente, a dar menos importancia a lo malo, a velar mas por mí. Sonsoles…nos hemos dado un beso y ha marchado bajo la lluvia. Ahora cuando escribo, estoy llorando y acordándome de mi abuela. ¿Será alguna señal, no? Y cuanto más pienso, creo que en cierta forma la vida ha hecho que viviera todo esto para estar un poquito más con ella y no olvidarme de su amor y consejos. ¡Gracias!

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